Mi experiencia en Rishikul ha sido transformadora y sanadora. Los profesores son maravillosos y se nota su pasión por su profesión, y el personal es muy servicial y amable. El grupo que formamos fue como una familia, y despedirse fue muy difícil. La comida sáttvica estaba deliciosa: el curry de soja y el de alubias fueron mis favoritos. Las habitaciones de la escuela sí necesitan un poco de cuidado, porque se vuelven bastante húmedas, pero aparte de eso me sentí como en casa, segura y realmente feliz con la experiencia. Me voy con nada más que gratitud. Gracias por todo.